En el mundo cada vez más amplio de la información instantánea, deberíamos considerar cómo utilizamos la avalancha de información digital, en particular los sitios sociales como Facebook, Twitter, Instagram y los blogs personales.
A) Nosotros los vigilamos:
Un conductor ebrio de 24 años recibe su sentencia por homicidio vehicular, condenado por chocar contra una mujer y causarle la muerte. En el momento del choque, el nivel de alcohol en la sangre del conductor ebrio se acercaba a .4, ocho veces el nivel legal.
Cuando se levanta para dirigirse al juez, en lo que a mí me pareció algo ensayado, con una lágrima en los ojos y la voz temblorosa, se vuelve hacia la familia en duelo, y hacia mí como abogado de la familia, y dice: "Lo siento muchísimo. Nunca he hecho algo así. No estoy acostumbrado a beber. Simplemente sucedió, pero ese no soy yo. Tomé una mala decisión esa noche. Pero ese no soy yo." La súplica de este demandado a la familia era solo parte de un esfuerzo mayor para convencer al juez de que le diera apenas un leve castigo, en lugar de una pena de cárcel.
Hace diez años, su discurso podría haber funcionado. Pero el demandado cometió tres errores. Primero, después de matar a mi cliente, siguió actualizando su sitio de MySpace. Segundo, fue tan tonto como para no restringir el acceso a sus pensamientos y acciones actualizados. Tercero, subestimó hasta dónde llegaría mi oficina para localizar sus redes sociales.
¿Y qué decía ese demandado en su página de MySpace? Pues bien, dos meses después de matar a mi cliente mientras conducía ebrio, y 6 meses antes de presentarse ante el juez fingiendo su pesar, actualizó su sitio para contar sobre sus actuales "fiestas desenfrenadas" y que "fumar hierba era lo único que hacía TODOS LOS DÍAS."
Como hicimos nuestra tarea y buscamos las comunicaciones de ese conductor ebrio en redes sociales, el juez llegó a conocer al verdadero demandado a través de impresiones de su sitio de MySpace y, posteriormente, fue condenado a una pena de prisión muy larga. Lo descubrieron publicando declaraciones que eran 180 grados diferentes del mensaje que intentaba venderle al tribunal.
Por supuesto, un demandado no es el único al que pueden descubrir.
B) Ellos nos vigilan:
Una clienta nuestra de 33 años publica en su Facebook fotos de unas vacaciones recientes. Esas fotos se las tomaron en un viaje a Cancun. Llegan un año después de un accidente automovilístico que la dejó discapacitada y aproximadamente un mes antes de que rinda testimonio en su deposición, en el que detalla las dificultades físicas diarias que experimenta. Por supuesto, las fotos publicadas no muestran nada de eso.
La muestran sonriendo, bebiendo de una gran margarita y aparentemente despreocupada. Lo cierto es que, en el momento de este viaje, habían pasado 3 meses desde su cirugía de cuello. Aunque sentía mucho dolor y parecía unos 10 años mayor de lo que era, publicó las mejores de las fotos que le tomaron. Lo cierto es que la gente sonríe en las fotos. Es casi inevitable. La gente sonríe hasta en las fotos policiales de fichaje. Es simplemente lo que estamos programados para hacer desde temprana edad. Y las personas que mantienen un sitio en redes sociales hacen todo lo posible por ser sociables.
Sin embargo, cuando el abogado de la defensa descubrió esas fotos, le dio nueva vida a su defensa, que de otro modo se estaba desmoronando. Hizo que el caso fuera más difícil de resolver mediante un acuerdo, y esas publicaciones en Facebook probablemente le costaron a mi clienta $10,000 o más en el valor del acuerdo.
La verdad es que no importa cuál sea realmente la verdad.
Para estos abogados de la defensa, la verdad es cualquier apariencia que puedan darle a algo. Tomar un par de fotos sonrientes de vacaciones y contrastarlas con una deposición grabada en video donde la clienta detalla cuánto dolor siente todo el tiempo suele ser todo lo que un jurado necesita ver para concluir que lo están engañando. Probablemente no sea así. Pero eso es lo que parece, y "la percepción se convierte en realidad."
A los clientes de mi bufete se les recuerda regularmente el poder y el efecto de publicar en sitios de redes sociales. Estos bufetes de abogados a los que nos enfrentamos están financiados por la industria de seguros y no escatiman en gastos en la investigación de antecedentes y en línea sobre nuestros clientes. A menudo, obtienen toda la información que necesitan de Facebook, MySpace o un blog. La información que obtienen puede ser letal para un caso.
Animamos a nuestros clientes a permitir el acceso a esta información solo a personas que conozcan personalmente. Además, usted debe tener mucho cuidado con la naturaleza de la información que comparte en estos sitios y blogs.
En Anderson Hemmat conocemos la importancia de comprender a fondo las redes sociales y su trascendencia en los casos de nuestros clientes. Si tiene preguntas sobre el impacto que estos foros pueden tener en su caso, no dude en llamar y hablar hoy mismo con uno de nuestros abogados.

