Hay una mirada en los ojos de las personas que han vivido recientemente una lesión catastrófica que les cambia la vida. Pero esa "mirada" no está en los ojos de la víctima de la lesión. Por lo general, él o ella parece notablemente adaptado a un acontecimiento muy reciente y extraordinario que le ha cambiado la vida. La "mirada" de la que hablo está en los ojos de los familiares de esa persona lesionada. El familiar puede ser un cónyuge, una novia de muchos años o los padres de la persona lesionada. Sus ojos revelan una combinación de miedo y desesperación, pero también un sentido de determinación y una negativa a rendirse. Mi primera conversación con estos familiares suele incluir que ellos hablen de cuánto peor pudo haber sido el accidente. Estos familiares demuestran una voluntad asombrosa de sobrevivir, e incluso de salir adelante, frente a las circunstancias más desesperadas y desesperanzadoras.
Cuando yo o cualquier abogado de mi bufete hablamos con estos seres queridos, seguimos tres reglas sencillas. Estas reglas no se enseñaron en la facultad de derecho, y ciertamente nunca las he encontrado en ningún libro de derecho. De hecho, estas reglas sencillas no tienen nada que ver con expresar lástima, ni siquiera compasión. Estas reglas sencillas son las siguientes:
Regla # 1: Responder cada una de las preguntas que haga un familiar de la manera más directa, honesta y concisa posible. Estas personas no tienen tiempo para promesas grandilocuentes ni para insinuaciones de una recuperación física extraordinaria. Tampoco necesitan que descarguemos comentarios airados contra la parte culpable que dejó a su ser querido en esta situación. Lo que necesitan son respuestas. Esas respuestas deben ser directas y en un lenguaje claro y sencillo.
Regla #2: Tomarnos el tiempo para responder cada una de las preguntas. Si eso toma dos horas o cuatro, lo consideramos parte de nuestro trabajo. Nunca acortaremos estas reuniones por nuestros horarios.
Regla #3: Nunca presionar a la familia para que nos contrate. Una reunión en una habitación de hospital definitivamente no es el momento adecuado para esa conversación. Por razones que realmente no entiendo, parece que somos el único bufete de abogados que respeta la Regla # 3. Gracias a ese enfoque, con frecuencia recibimos más adelante una llamada del familiar, o de la propia persona lesionada, para pedirnos ayuda. Nuestro enfoque nos distingue, pero también es la única manera respetuosa de tratar a las personas.
Si les pregunta a estas familias por qué finalmente contrataron a Anderson Hemmat, esperamos que escuche: "fueron los únicos abogados que respondieron nuestras preguntas de manera directa, se tomaron el tiempo con nosotros y no nos presionaron para firmar nada".
Las tres reglas anteriores tienen su fundamento en la brújula moral que compartimos mis socios y yo. Sabemos que hay una manera de ser profesionales y objetivos, y aun así compasivos, ante las pérdidas catastróficas de quienes asesoramos. Para nosotros, esta es la única manera de trabajar.

